El dinero entendido espiritualmente

Es lunes, está comenzando el verano del año 2012. Un economista miembro del directorio de una tradicional sociedad de bolsa de Buenos Aires está estacionando su auto en un estacionamiento del microcentro, al igual que todos los días de su semana laboral. Tiene un trato casi familiar con el personal de la playa que lo conoce desde hace ya bastantes años. Después de hacer alguna broma futbolística, se dispone a pagar los $ 90 que vale la estadía al empleado de turno. En su billetera tiene varios de los nuevos billetes que tiene la imagen de Eva Perón. El empleado toma el billete de $ 100 y lo mira con detenimiento del frente y del revés, frunciendo el ceño, intentando magullar algunas palabras que nunca salen, dando algunos pasos inseguros hacia el encargado de turno pero sin avanzar. El economista le pregunta que pasa y ante la falta de respuesta decide explicarle que es uno de los nuevos billetes, que tiene un valor de $ 120 y que entonces, descontando el valor del estacionamiento, le tiene que devolver $ 30. El empleado sigue sin moverse. Mira el billete, mira a su cliente y finalmente se dirige erráticamente hacia la caja a tomar el vuelto ante la sonrisa complice del encargado, que estalla en carcajadas junto con el economista cuando le extiende tres billetes de $ 10.

Parecería una trivial anécdota cotidiana porteña con algo de su habitual viveza, pero encierra uno de los misterios más interesantes para investigar sobre la naturaleza del dinero, su origen, cualidades y las diferentes formas en que lo usamos. Me pregunto si el dinero es algo perteneciente al mundo material y no logro hacerlo encajar. Hoy el dinero usado en compra-venta representa menos del 3% de todas las operaciones en el mundo, es decir que el 97% de esas operaciones son virtuales y no tienen respaldo físico alguno. 

Siempre creí que la economía me era un campo completamente ajeno sobre el que no tenía ningún conocimiento. Esto es bastante complicado porque no se trata de comprender los diferentes argumentos teóricos, sino cómo impactan en mi administración cotidiana y la forma en la que me vinculo con quienes me dan y reciben mi dinero. El dinero es un invento del hombre para vincularse con “el otro”, podemos entenderlo como un vínculo entre dos biografías, que expresa confianza entre ellas y pone en movimiento los recursos existentes, ya sean recursos naturales, herramientas o capacidades humanas.  De lo que podemos estar seguros es que es un invento matemáticamente exacto: yo tengo $ 188,40, no tengo $ 189 ni $ 188. Las demás cualidades del dinero son transferidas por la persona que lo dispone y la acción que es realizada, más que ser una característica propia del dinero. Esa neutralidad viene a verificar su naturaleza espiritual y anímica, ya que no imprime las características empíricas de los elementos materiales, trayéndome además la imagen del agua como representación natural del dinero.

Imagino un arroyo, o un pequeño río serrano de aguas transparentes y neutras, en el que la puedo agregar pequeñas gotas coloreadas que lo tiñan expandiéndose masivamente. La imagen del agua es tal vez una de las más extendidas referencias hacia el dinero: la cuenta corriente, el flujo de capital, la liquidez, estar seco o nadando en dinero. Y al igual que el agua, el dinero si está estancado parece pudrirse, y sólo podemos estudiar el dinero desde el uso; si está guardado en un baúl no hay nada que se mueva en lo social. Cuando pensamos en un organismo vivo, humano o animal, esta imagen del agua nos remite a la sangre, que fluye y le da movimiento a los diferentes órganos: no es el corazón el que distribuye la sangre, sino que son los órganos y las extremidades las que piden al corazón mayor o menor flujo de sangre. En una sociedad humana sana, tal vez este sería el movimiento orgánico y los diferentes organismos de ese tejido social dispondrían del flujo de dinero que sea necesario para su funcionamiento, pero no puedo dejar de pensar los problemas que existen hoy en la distribución del dinero y las enfermedades circulatorias que se hacen evidentes cada día con mayor fuerza. Un claro ejemplo de esto esto es la acumulación del capital en unos pocos individuos como ocurre en el presente, donde apenas 8 personas poseen la misma riqueza que el 80% más pobre de la población del planeta. 


Pero el dinero como invento es algo completamente nuevo en la historia de la humanidad; el ser humano pasó mucho más tiempo en la tierra sin usar dinero que usándolo. Al inicio de esta línea de tiempo imaginaria, vemos al hombre recolectando frutos, raíces, semillas y cazando animales para poder alimentarse. La naturaleza donaba libremente estos recursos y los seres humanos tomaban lo que necesitaban.

Más tarde, el hombre comenzó a incorporar los ciclos naturales y a pensar los recursos teniendo en cuenta la variable temporal. El reconocimiento de las estaciones y temporadas climáticas, favorecieron el desarrollo de la agricultura y la ganadería y la proliferación de las primeras civilizaciones conocidas y la propiedad privada y la idea de que con dinero podemos comprar tierra y vender tierra, un recurso finito en nuestro planeta. La incorporación de la variable del tiempo en la administración de los recursos muestra los primeros gestos de ahorro en la historia de la humanidad y da lugar a la aparición de las primeras instituciones similares a las bancarias, como fueron los templos de algunas civilizaciones de Asia y norte de África. Con estas instituciones surgen también los primeros intentos de facilitar los intercambios entre las personas, apareciendo los primeros ejemplos de la invención del dinero. La expansión imperial euroasiática también trajo nuevos desafíos en el intercambio comercial en territorios cada vez más extensos y más poblados, apareciendo los primeros papeles modeda y billetes.

En esta tercera etapa se trata de producir en crecientes cantidades productos que serán vendidos a territorios que serán luego conquistados. La revolución industrial de principios del siglo XIX marca una nueva etapa en la historia del impacto del dinero en los vínculos humanos. Si antes el hombre fue recolector y luego agricultor, ahora el hombre es un operario al servicio de una máquina que produce y comienza a alejarse de la otra persona que consumirá sus productos. Aquí aparece otro problema social vinculado a la idea de que el dinero compra la voluntad de las personas, en lugar del fruto de su trabajo. Veo músicos creativos trabajando en tareas administrativas corporativas, ingenieros civiles conduciendo taxis o grandes científicos trabajando en el departamento de marketing para la poderosa industria farmacéutica.

Podríamos extender la comprensión de esta etapa histórica hasta el presente, donde el consumo parece seguir siendo el gesto, pero encontramos una cuarta etapa caracterizada por el imperio de las ideas y la virtualidad. Lo que se vende ya no es un producto sino una idea, un beneficio real o ficticio que el producto nos va a brindar. Las computadoras y las redes de comunicación dieron aparición al cibernauta como rol humano característico de esta etapa, donde las operaciones e interacciones de intercambio se dan cada vez más desde la virtualidad de la pantalla. 

Un rápido resumen de esta línea de tiempo expone los diferentes gestos históricos respecto de los vínculos que genera el dinero: primero la donación, luego el ahorro y finalmente el consumo.

En el dinero de consumo (o de compra-venta) estamos satisfaciendo una necesidad existente y estamos tomando decisiones sobre los recursos naturales del planeta, favoreciendo la multiplicación de algo que ya existe. Pero el dinero de consumo es tal vez el que implica un menor nivel de conciencia y encuentro. Generalmente el comprador quiere comprar lo más barato posible y el vendedor tener cada vez un mayor margen de ganancia, poniendo al consumidor y al productor uno a espaldas del otro sin reconocerse ni reconocer toda la cadena de valor involucrada. En un ejercicio rápido, cuando compramos una caja de fósforos multiplicamos el cultivo de los árboles de la que se saca la madera para los palillos y el cartón del envase, la industria minera de la pólvora, los combustibles para el transporte y las herramientas de fabricación, la fabricación de las tintas del envase, la química que hace el pegamento de la caja, etc. En la actualidad existen asociaciones que facilitan el encuentro entre productores y consumidores que permitan visibilizarse a ambas partes y que cada uno obtenga lo justo que crea necesitar. Un ejemplo son las ferias de productores o de consumo responsable, o los proyectos “kilómetro cero” para favorecer las economías locales.

En el caso del dinero de ahorro estamos posponiendo una necesidad y guardamos nuestro dinero. Estamos usando el dinero desde una semi-conciencia, estamos en el presente pero pensando en el futuro con una expectativa de ensueño. Si lo guardamos en un banco, ese dinero se transforma ya que el banco podrá ofrecer préstamos a quienes lo soliciten. El dinero de ahorro es también dinero de préstamo e inversión, donde una vez más ambas partes parecerían darse la espalda. El prestamista quiere asegurarse de recuperar su dinero lo más rápido posible y con el mayor beneficio y el prestario quiere la menor tasa a un plazo más holgado. Aparece aquí el tercero de los más graves problemas sociales que encierra del dinero: el dinero haciendo dinero. La tasa de interés surge como herramienta para facilitar los acuerdos entre ambas partes del préstamo, pero parecería en muchos casos ser el principal objetivo especulativo, aunque ya podemos ver la aparición de diferentes corrientes de banca ética que tiende a poner a las personas en el centro del intercambio, en lugar de al dinero y el beneficio económico. Los ejemplos de Triodos Bank o GLS en Europa muestran como los ahorristas del banco aceptan tener un menor ganancia en pos de favorecer préstamos a proyectos responsables a nivel social y medioambiental. Aquí parecería compensarse la tasa de interés económica con la tasa de interés social. Otras herramientas que favorecen el encuentro entre el ahorrista-prestamista y prestatario son las nuevas plataformas de financiamiento colectivo, como Idea-me, Kickstarter, Wayni, etc, donde el ahorrista decide específicamente el destino de su dinero y el plazo y la forma de devolución. 

Finalmente, en el dinero de donación podemos encontrar los gestos más despiertos o conscientes del ser humano. Estamos dejando que algo muera en nosotros para que nazca algo nuevo. El dinero de donación es una semilla, que es otorgado desde la libertad en su uso sin esperar algo a cambio. Podemos donar algo de nuestro excedente que no necesitamos, podemos donar todo nuestro excedente o podemos donar incluso parte de lo que necesitamos para vivir. Todos estos gestos incluyen una mirada hacia el otro que es el que recibe nuestro dinero. La educación es un claro ejemplo de una actividad que requiere del dinero de donación para su desarrollo en beneficio de la comunidad. No hablamos del pago de una cuota a cambio de un servicio, sino dinero para que la institución se sostenga y crezca educando a los niños y jóvenes que dirigirán el destino de esa comunidad.

La cualidad del dinero está casi exclusivamente ligada a la forma en la que es usado, transformándose todo el tiempo a medida que fluye en la sociedad, confirmando una vez su inmaterialidad. En la medida que podamos hacernos conscientes del proceso para tomar las decisiones sobre la forma en la que lo usamos, se hace evidente que la naturaleza del dinero es crear un espacio para otros. El flujo sano y permanente de dinero requiere toda la creatividad humana al servicio de las necesidades de la sociedad.

Desde este lugar y con todas estas ideas en mi cabeza, vuelvo a mirar a la Evita del billete y le hago muchas preguntas. Pero Evita me evita y sigue mirando hacia el costado, seguramente haciéndose sus propias preguntas. 

Bibliografía:

  • Rudolf Mess: “Dinero para un mundo mejor” (Ediciones Economía Asociativa, 1985)
  • Peter Selg: “El trabajo del individuo y el espíritu de la comunidad” (Antroposófica, 2006)
  • Manfred Schmidt-Brabant: “La banca entendida espiritualmente” (conferencia inédita, 1994)

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